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Los eReaders castigados fuera de clase

Hace unos días leí un artículo muy interesante en Tinta-E titulado Exito generalista y fracaso educativo: paradoja del kindle, que comienza reseñando un experimento sobre el uso del Kindle DX entre estudiantes de informática y que, lamentablemente, no voy a entrar ahora en detalles, no resultó como se esperaba.
Juan Luis Chulilla, el responsable de Tinta-E, introduce la difícil relación en el momento actual entre revolución digital y educación y comenta la dicotomía entre la universalidad y facilidad de uso del papel y el bolígrafo, y por otro lado la insistencia en aplicaciones para pantallas táctiles con capacidad para reproducir vídeo en alta resolución. Como bien apunta Juan Luis, Un lector dedicado de tinta electrónica no está en ninguno de los dos extremos, ya que ni encaja con el sistema educativo actual, ni es un artículo de deseo o de status social como lo pueda ser cualquier smartphone o tablet de moda, sin ser por ello más adecuados para la educación que para el entretenimiento.
Como ya he comentado más de una vez que no creo que el papel desaparezca, de hecho no creo que la tinta electrónica venga a sustituir a la del bolígrafo o la imprenta, me quiero centrar en un punto que me llama mucho la atención y es el de por qué los eReaders invaden ya el metro de Madrid por la mañana y no las clases, o al menos eso me parece.
Como ya apunta el artículo Tinta-E, los estudiantes se mueven dentro del espacio que administran los profesores, o dicho de otro modo, si estos se remiten a lecciones dictadas, pizarra y pruebas de evaluación escritas, evidentemente un elemento extraño como un eReader queda totalmente al margen. Por mucho que soñemos que el futuro nos dará la posibilidad de elegir cualquier texto en papel o en formato electrónico el momento actual dista muchísimo de ser así.
Casi sobra que repita que en un kindle puedo unir el texto original, las notas del profesor, las mías propias y las de mis compañeros y resto de estudiantes de la galaxia, además de un acceso inmediato a un diccionario o varios, wikipedia, blogs, foros, etc. Posibilidades todas ellas que no se están explotando lo suficiente en el terreno educativo.
¿He dicho que la mayor parte de gente que veo en el metro con eReaders son personas que han dejado muy atrás la edad de estudiar? Me da por imaginar que el eReader se lo han regalado los amigos o los hijos pensando en que llevarlo en el metro es más cómodo que el último éxito de ventas de moda de más de mil páginas. Si los tablets no costaran lo que cuestan, seguro que eReaders veía la mitad.
El problema real es que mientras los responsables de la educación no cambien el sistema de enseñanza basado en la clase presencial, la pizarra, los apuntes, el libro de texto y el examen difícilmente veremos posibilidad de triunfo de libros y lectores digitales. Y eso que ya tenemos alternativas para casi todos estos puntos. ¿Será que el salto generacional entre actuales profesores y nativos digitales es tan grande? Entiendo que no todos los profesores/maestros se mueven con facilidad en un mundo en el que la mayor parte de los nativos digitales se mueven como peces en el agua.
Pienso en la UNED por ejemplo, que conozco muy bien, donde conviven aulas virtuales, foros, entrega telemática de pruebas de evaluación y libros de texto con la calidad de una fotocopia y el precio de una enciclopedia que los alumnos no tienen modo de comprar. Espero que algún día ofrezcan la posibilidad del libro electrónico... Aún así únicamente seguirán siendo una excepción.

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